Con la apertura de la nueva carretera por el alto de Etxegarate en 1851, la vieja ruta por Segura y Zegama queda relegada a favor de la ruta por Idiazabal y Altsasua. Esto supuso la desaparición de las fondas y casas que daban albergue a los transeúntes.
En la industrialización una papelera y algunos pocos talleres revitalizaron a la población.
Ya en puertas del tercer milenio, Zegama se proyecta al exterior como un población dotada de un patrimonio natural y paisajístico de primer orden, con un sector terciario en crecimiento, más el dinamismo industrial que le proporciona una red de pequeñas y medianas empresas, elementos todos ellos que, unidos a la experiencia de una población centenaria pero joven, conforman una realidad preñada de esperanza.